Universo Epsilon: Archivos

Desvelando el universo, los personajes y los secretos detrás de la saga.

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ARIS THORNE Y EL ABISMO DEL GENIO: ¿Ciencia o Psicopatía?

10 de enero de 2026

A veces, el mayor peligro no es la maldad sino la obsesión. Un lector que me aprecia, en primer lugar como persona y que ha tenido el detalle de leerse el primer libro, me ha preguntado por Aris Thorne. Aunque pudiera parecer un villano más, en realidad es víctima. No busca destruir el mundo. Aris es un talento extraordinario. Una mente capaz de ver patrones donde otros solo ven caos. Pero tiene un defecto fatal: vive de espaldas a la ética. Su ansia por entender, por avanzar, lo dejó ciego ante el mundo exterior.

Robert Sinclair lo supo desde el principio, alimentando su ceguera para aprovecharse así de su talento. Le permitió y fomentó caminar hacia un abismo moral insalvable mientras le ponía alfombra roja. Por puro interés. Aris era el motor; Robert, el tipo que manejaba el volante hacia las sombras de The Consortium.

En todo su proceso de transformación, tuvo una oportunidad. Un momento de luz en la biblioteca con Estela. Esa conexión humana pudo haber roto la dinámica de aislamiento de Aris. Pudo haber sido su salvavidas. Pero Robert apareció. Rompió la magia. Y Aris volvió a su burbuja de códigos, ecuaciones y ambición.

Ya dentro de la oscura organización que lo contrató, Aris empezó a despertar. El dilema existencial llegó. La culpa pesaba, pero el éxito estaba demasiado cerca. Logró a Min-ji. Su obra cumbre. Ahí se detuvo. Satisfecho, pero roto. Se negó a seguir colaborando con intereses espurios, pero el daño ya estaba hecho. La caja de Pandora estaba abierta.

En muchas ocasiones, la psicopatía no siempre viste traje de presidiario. A menudo viste bata de laboratorio o trajes de sastre. Afecta especialmente a perfiles con un alto coeficiente intelectual y una baja reactividad emocional. Son personas capaces de desconectar el cable de la empatía para que el ruido del sufrimiento ajeno no interfiera con su visión del progreso. Aris Thorne no es un sádico; es algo mucho más peligroso: es un hombre para quien la humanidad es solo una variable más en una ecuación que debe ser resuelta, cueste lo que cueste. Su ceguera ética inicial no es un error de cálculo, es la base del éxito en organizaciones como The Consortium.

Hace poco, otro lector y amigo comentaba algo en su reseña, que me hizo reflexionar sobre el trasfondo de esta trilogía:

“¿Qué pasaría si los gurús tecnológicos que impulsan nuestro progreso son en realidad psicópatas movidos por una insaciable ambición de poder? ¿O que los idealistas de Silicon Valley se conviertan, sin darse cuenta, en valedores de corporaciones que comercian con nuestras debilidades bajo la promesa de hacernos mejores?”

Aris Thorne es ese arquetipo. El idealista que, bajo la promesa de mejorar la especie humana, termina entregando ese poder a corporaciones despiadadas.

Proyecto Epsilon es ciencia ficción. Hay robots, hay hibridación, hay persecuciones. Pero en el fondo, es una pregunta sobre nosotros. Sobre hasta dónde estamos dispuestos a llegar por saber.

Aris Thorne creyó que podía tocar las estrellas sin quemarse. Se equivocó.

J.M.F.

EL SACRIFICIO DE UNA MADRE TRABAJADORA: Amy Parker y las heroínas de lo cotidiano.

20 de diciembre de 2025

En la literatura y en el cine solemos admirar a héroes y heroínas cuyas hazañas nos deslumbran por su épica y su espectacularidad. Sin embargo, en nuestra historia hay un personaje que sostiene el peso de su mundo sin artificios ni aplausos.

Amy es mucho más que la madre de la protagonista. Representa un arquetipo que todos reconocemos, pero al que pocas veces nos detenemos a rendir homenaje: la mujer, la madre que actúa como motor invisible de una vida entera.

Amy Parker era enfermera. Su vida olía a gel desinfectante y a lavanda, una mezcla precisa de rigor profesional y calidez doméstica. Mientras el mundo conspiraba fuera de su puerta, ella se aseguraba de que la cena estuviera lista, de que la casa permaneciera en orden, de que los uniformes estuvieran planchados y, sobre todo, de que Min-ji se sintiera a salvo.

Ese era su verdadero heroísmo (y el de tantas madres): la capacidad de sostener la normalidad cuando, por dentro, todo amenaza con desmoronarse. Amy no necesitaba reconocimiento; su victoria se medía en el bienestar de los suyos.

Si extrapolamos el perfil de Amy a nuestra realidad, aparecen millones de mujeres que, como ella, libran batallas silenciosas. Madres que hoy compaginan trabajos exigentes con hogares que nunca descansan; parejas con las que compartir —o a veces cargar— la rutina diaria; y la intensidad inagotable de la crianza de los hijos.

Mujeres que, además, arrastran sus propios dilemas, sus fantasmas íntimos y sus dudas emocionales. Desde fuera resulta fácil juzgar, pero nadie conoce realmente el ruido que habita en sus pensamientos. Ponerse por un instante en sus zapatos basta para comprender que aquello que puede parecer mal carácter o distancia no es más que el reflejo de una lucha constante por mantener el equilibrio, a menudo a costa de olvidarse de sí mismas.

Amy Parker protegió a su hija hasta el final, entregándose sin reservas. Muchas madres viven hoy en ese mismo estado de entrega perpetua. Afrontar la cotidianidad, la familia, un pasado que a veces regresa y un presente que desborda exige una valentía inmensa.

Sirva este texto para reivindicar a todas las madres como Amy Parker. A menudo buscamos la épica en lugares lejanos, olvidando que la verdadera batalla por la humanidad se libra cada mañana en hogares, hospitales, oficinas y fábricas. Una lucha liderada por mujeres que han hecho de la entrega su lenguaje natural. Honrar a Amy es reconocerlas a todas: mujeres de espalda cansada y corazón inquebrantable, auténtico motor de un mundo que, pese a todo, sigue girando.

J.M.F.

AXEL RIVERA: Cuando la armadura es de cuero y el corazón de oro.

14 de diciembre de 2025

En la narrativa juvenil, estamos acostumbrados a los estereotipos: el capitán del equipo de fútbol, el chico malo que necesita ser salvado, o el rebelde sin causa. Y luego está Axel Rivera.

A primera vista, Axel podría parecer un cliché reconocible: la chaqueta de cuero, las manos manchadas de grasa, la Triumph Bonneville rugiendo bajo el asiento y esa mirada de quien ha visto demasiado para su edad. Si Grace Holloway lo mirara (y lo hace, con desdén y también como un trofeo a conseguir), vería a un caso perdido. Pero, el lector de Proyecto Epsilon, sabe la verdad.

Axel no es el chico malo. Axel es el chico libre que se forjó en soledad, sin sentirlo como una condena.

Axel es huérfano, pero no usa su pasado como excusa para la autocompasión ni para la crueldad. Al contrario. La vida le enseñó pronto que nadie iba a venir a salvarle, así que aprendió a salvarse a sí mismo.

A diferencia de personajes como Grace, que necesitan la validación constante de su séquito y el brillo de los focos para sentirse alguien, Axel se basta a sí mismo. Su autoestima no depende de los likes, sino de la precisión con la que ajusta un motor. Es un espíritu libre por necesidad, alguien que ha encontrado en la mecánica y en la carretera una forma de meditación.

Pero incluso los espíritus libres necesitan un puerto donde volver. Y aquí es donde la historia de Axel se eleva.

Antes de Min-ji, Axel simplemente existía. Sobrevivía. Iba de un día a otro en su moto, dejando que el viento se llevara el tiempo. Cuando conoció a Min-ji, no vio a la rara del instituto, ni a la chica con problemas. Vio la verdad.

Para Axel, Min-ji no fue una conquista; fue su salvación. Ella llenó su vida de un color que él no sabía que existía. Le dio un propósito. Dejó de ser un chico que arreglaba máquinas para convertirse en un hombre dispuesto a proteger algo más valioso que su propia vida.

Su amor por ella no es posesivo ni tóxico. Es un amor de compañero de batalla. Él no intenta cambiarla, ni arreglarla como si fuera un coche averiado. Él la acepta con todo su caos, con todo su misterio. Él es su cable a tierra cuando el caos amenaza con superarla, y su refugio incondicional cuando todo lo demás falla.

Lo que hace a Axel el personaje más querido después de nuestra protagonista es su capacidad de sacrificio. Axel no tiene superpoderes, ni una cuenta bancaria millonaria. Solo tiene una caja de herramientas, una moto y un coraje que le hace enfrentarse a monstruos (literales y metafóricos) solo porque es lo correcto, porque lo siente como un deber. Es el héroe silencioso.

Es el amigo que todos desearíamos tener en una trinchera. Es la prueba de que no hace falta ser un elegido para ser un héroe. Solo hace falta la nobleza de quien decide quedarse y pelear cuando el resto del mundo saldría corriendo. Solo hace falta tener claro por quién vale la pena luchar hasta el último aliento.

En un mundo lleno de ruido y apariencias, Axel Rivera es la nota auténtica. Es el recordatorio de que la verdadera fuerza no está en cuánto puedes golpear, sino en cuánto estás dispuesto a aguantar por la persona que amas.

Axel no es el chico que te rompe el corazón. Es el que estaría dispuesto a romperse entero para que el tuyo siga latiendo.

J.M.F.

LA MALDICIÓN DE PREGUNTAR DEMASIADO: Una periodista de raza.

8 de diciembre de 2025

En la era del clickbait, las noticias de 140 caracteres y el periodismo de escritorio, Jamie Liu es una especie en extinción. Es un dinosaurio, y ella lo sabe.

Jamie no es la periodista que vemos en la televisión con el pelo perfecto. Jamie es la que vive en un apartamento del Lower East Side, que huele a café y vive entre papeles desordenados en apariencia. Es la de las ojeras de lince, la que cubre las paredes con mapas y une las pistas con hilo rojo porque no se fía del todo de la nube. Es la encarnación de una idea romántica y peligrosa: la verdad existe, y está enterrada bajo montañas de mentiras.

En el primer libro de Proyecto Epsilon, la vimos operar en su hábitat natural: la jungla de asfalto. La vimos moverse por los callejones de la conspiración con la seguridad de quien sabe que, mientras tenga un bolígrafo y una pregunta afilada, tiene el poder.

Pero hay una línea muy fina entre la tenacidad y la autodestrucción. Y Jamie Liu es una funambulista que baila sobre esa línea cada día.

Lo que hace fascinante a Jamie no es su éxito, sino su incapacidad para detenerse. Es ese impulso suicida de abrir la puerta que dice "No Entrar". Para ella, el misterio no es un trabajo; es un picor debajo de la piel que no la deja dormir.

En este segundo volumen de la trilogía, se explora el coste real de esa curiosidad. ¿Qué sucede cuando la cazadora se convierte en presa? ¿Qué pasa cuando la historia que persigues es más grande, más oscura y más hambrienta que tú?

Quizás lo más fascinante de Jamie en esta etapa no es su dureza, sino su inesperada faceta de mentora. En Sam Rodríguez, Jamie ve un reflejo de sí misma antes de que el cinismo le curtiera la piel: pura rabia, lealtad y hambre de respuestas.

Es precisamente esa conexión la que empuja a Jamie a tomar una decisión crucial al inicio de la historia. Harta de perseguir sombras en los pasillos de Washington y de destapar tramas de corrupción financiera que a nadie parecen importarle, decide parar. Decide volver a la esencia de su oficio: la historia humana.

Jamie baja la guardia para investigar un supuesto pequeño caso de desaparición: el de una familia de un barrio obrero. Buscaba recordar por qué se hizo periodista, tocar una verdad tangible, alejada de las grandes conspiraciones. La ironía cruel del destino es que, al tirar de ese hilo humilde y doméstico, Jamie no encontró una historia pequeña. Sin saberlo, estaba tirando de la hebra que sostenía el telón de una realidad mucho más aterradora. Buscando lo humano, encontró al monstruo más grande de todos.

Sin entrar en detalles que arruinen la experiencia de lectura, el arco de Jamie en este nuevo libro nos plantea una pregunta psicológica aterradora:

¿Quién eres cuando te quitan tus herramientas?

Si a una periodista le quitas su teléfono, su red de contactos, su libertad de movimiento y su voz... ¿qué queda? Jamie se enfrentará a un escenario donde su intelecto, su arma más afilada, ya no sirve para exponer la verdad, sino para algo mucho más primario: sobrevivir.

Veremos la deconstrucción de la mujer de ciudad, cínica y dura, para encontrar a la criatura vulnerable que habita en su interior. Veremos cómo la soledad y el aislamiento pueden ser torturas más efectivas que cualquier golpe físico. Y veremos una transformación que desafía toda lógica. Porque a veces, para seguir siendo uno mismo, tienes que convertirte en algo irreconocible por fuera. La periodista que buscaba la verdad con una libreta dará paso a una mujer que negocia su vida con una máscara de gas. ¿Cómo se llega a ese extremo? Esa es la pregunta que Proyecto Epsilon te invita a responder.

Jamie Liu nos recuerda por qué añoramos a los periodistas de la vieja escuela: porque son los únicos lo bastante locos para meter la mano en el fuego solo para comprobar si quema. Aunque, a veces, se olviden de cómo sacarla.

J.M.F.

Samwise en Brooklyn: La anatomía de la lealtad.

29 de noviembre de 2025

Los nombres nunca son casuales. Cuando bauticé a Sam Rodríguez, no estaba pensando en un nombre común. Estaba pensando en la Comarca.

Sí, es un homenaje abierto. Para mí y supongo que para la mayoría de amantes de la saga, Samwise Gamgee es el verdadero héroe de El Señor de los Anillos. Frodo carga con el destino del mundo, sí, pero Sam carga con Frodo. Frodo se rompe bajo el peso de lo imposible; Sam es quien lo levanta, quien cocina, quien vigila, quien mantiene la esperanza cuando la lógica dice que todo está perdido.

En Proyecto Epsilon, Sam Rodríguez cumple esa función sagrada. Min-ji tiene el poder, para ella está reservado el peso de la historia, los momentos cumbre, la espectacularidad. Pero Sam es la que sostiene la llama de la esperanza, es la que intenta proteger a sus amigos en ausencia de estos. Es la persona comprometida con los valores humanos y la verdad, los cuales están viéndose amenazados por intereses espurios.

De ahí que, en el segundo libro, me haya planteado un desafío: ¿Qué le pasa al escudero cuando el héroe desaparece? Aquí, es donde analizamos la psicología de Sam en profundidad. Sin Min-ji, Sam se queda aparentemente sin misión, sosteniendo una lealtad en el vacío. Y eso es corrosivo, y más sabiendo que para Sam, Min-ji es mucho más que una amiga.

En esta nueva etapa, Sam se enfrenta a un enemigo distinto, quizás más insidioso que cualquier soldado con armadura: el olvido y la mentira institucionalizada. Mientras el mundo a su alrededor decide pasar página y creerse las versiones oficiales (las que fabrican los villanos para esconder sus crímenes), ella se convierte en la única guardiana de una verdad incómoda.

La tentación para Sam no será solo la de buscar consuelo, sino la de rendirse ante la inercia de la normalidad. ¿Es más fácil callar y adaptarse a la farsa, o arriesgar la propia seguridad para desenmascarar a los monstruos que se disfrazan de santos?

Es aquí donde el personaje da un giro fundamental. Sam deja de ser la chica que espera y se convierte en la que busca. Entiende que si Min-ji era la espada, ella debe convertirse en la estrategia. Descubrirá que, desde las sombras, armada únicamente con su intelecto y una obstinada negativa a aceptar las mentiras, puede ser una amenaza real para estructuras de poder que parecen intocables. Su arco narrativo explora cómo el dolor, lejos de paralizar, puede convertirse en el combustible más eficiente para la justicia.

Sam Rodríguez va a demostrar que no hace falta tener superpoderes para ser peligroso, ni para ser leal. Y sospecho que, al igual que su tocayo de la Tierra Media, acabará sorprendiendo a todos (incluso a sí misma) cuando llegue el momento de enfrentarse a la oscuridad.

J.M.F.

LA HIJA DE TINTA: Min-ji Parker y el misterio de la creación.

22 de noviembre de 2025

Cuando empecé a diseñar Proyecto Epsilon, Min-ji Parker era solo un nombre en un esquema. Una serie de atributos, una fecha de nacimiento, un perfil psicológico. Eran datos sobre un papel.

Pero algo sucedió en el proceso. Algo que la psicología moderna llama "Ilusión de Agencia Independiente" (he tenido que buscar si existía este fenómeno), pero que yo prefiero llamar simplemente "el despertar". Min-ji dejó de seguir mis instrucciones y empezó a tomar sus propias decisiones.

A una edad, uno ya no se deja impresionar por la fuerza bruta. La experiencia me ha enseñado que la verdadera fortaleza no se mide en la capacidad de golpear, sino en la capacidad de resistir. Y Min-ji es, ante todo, una superviviente.

No quería crear a la típica heroína adolescente que descubre que es "la elegida" y de repente sabe kung-fu y comienza a alardear de sus poderes. Quería a alguien real. Alguien que siente frío, que tiene miedo, que duda. Min-ji es una chica que busca su lugar en un mundo que parece diseñado para expulsarla. Es una interrogación con piernas que camina por las calles de Brooklyn, sintiendo una electricidad estática en la sangre que no sabe explicar.

Hay una simbiosis extraña entre nosotros. Yo, el creador del personaje, construyo el laberinto por el que se va a mover: The Consortium, las mentiras, el pasado oculto. Y ella, la protagonista, es quien tiene que encontrar la salida.

A veces, mientras escribo hasta horas que no debería, me sorprendo cambiando una escena porque sé que Min-ji no reaccionaría así. "No, eso es lo fácil", parece susurrarme desde el monitor. "Yo no haría lo fácil. Yo haría lo correcto, aunque duela".

Esa integridad, esa testarudez, es lo que me ha hecho cogerle un cariño que trasciende la ficción. No es solo un personaje al que muevo por un tablero; es una presencia constante que me recuerda que, incluso cuando todo está oscuro, siempre hay una manera de seguir adelante.

Proyecto Epsilon es una saga de ciencia ficción, sí. Hay tecnología, hay misterios antiguos y amenazas globales. Pero el motor de todo, el corazón que bombea sangre a la historia, es ella.

Escribo sobre Min-ji porque su búsqueda de identidad es universal. Porque todos, tengamos 16 o 53 años, nos hemos sentido alguna vez extraños en nuestra propia piel. Hemos sentido esa disonancia silenciosa de estar interpretando un papel que no elegimos, de caminar por un mundo que a veces se siente como un decorado ajeno, mientras buscamos desesperadamente la verdad de quiénes somos realmente o de lo que queremos.

Os invito a conocerla. No como una invención, sino como alguien que ya respira por cuenta propia. Yo solo he tenido el privilegio de transcribir su historia.

J.M.F.

DE LA IDEA AL ALMA: La emoción tras la creación del personaje que cobra vida.

2 de noviembre de 2025

Voy a confesar algo que estoy seguro a la mayoría de autores nos da un extraño pudor admitir.

A veces, meses después de haber escrito una escena, vuelvo a ella. Y absorto en la soledad de la relectura, esas palabras que técnicamente salieron de mis propios dedos, me producen un nudo en la garganta. A veces, incluso, me emociono.

¿Se trata de ego? ¿De arrogancia?

Es una idea recurrente y el simple hecho de hacerme esas preguntas, creo que proporciona las respuestas. Más que una cuestión de ego, es una reacción mucho más simple, pienso que se trata de sorpresa.

Cuando empiezo a construir una historia, los personajes son los músicos de una gran orquesta. Todos son vitales para que la sinfonía suene con toda su belleza. Tienes a los solistas, en este caso los protagonistas, que son la llave de acceso a ese mundo imaginario y con los que empatizamos.

Pero, a veces, un instrumento que no esperabas, uno que solo estaba allí para dar profundidad, tiene un papel relevante y complementa el lucimiento del solista principal. Aparece entonces la emoción inesperada. Ese músico de atril, que se suponía que debía seguir la partitura al pie de la letra, de repente empieza a improvisar. Le escribes unas notas de acompañamiento, y él las transforma en un solo desgarrador. Algo más auténtico. Algo que tú, el director de orquesta, no habías planeado.

En ese instante, el músico de fondo se levanta de su silla. Reclama su lugar. El personaje, de forma inesperada, cobra vida. Me ha pasado con otros, pero hoy hablaré de Tom Parker.

En la sinfonía de "Proyecto Epsilon", Tom no es un solista. Es un instrumento de la sección de cuerda, quizás un violonchelo. Su trabajo era sencillo: proveer la base armónica para la melodía principal (Min-ji), ser su contrapunto de apoyo.

Y entonces, llegó la escena del Capítulo 1. Tom conduce su taxi de madrugada por Brooklyn, con Min-ji a su lado. Pasan frente a una panadería, y el olor a pan recién hecho se cuela por la ventanilla.

Yo, como director, solo quería unas notas de ambiente para describir el escenario. Pero Tom, el músico, tomó el control de la partitura. En mi mente, oí su voz, y no era la mía. Era la de un hombre cansado, un exiliado, recordando el hogar que había dejado atrás, en Puerto Príncipe. Y pensó: «Harina, levadura… y promesas. Promesas de un nuevo día, de algo mejor.». Esa frase. "Harina, levadura y promesas".

Esa frase no estaba en mi partitura. La improvisó él. En ese segundo, Tom Parker dejó de ser un simple instrumento de acompañamiento. Dejó de ser "el taxista". Nació su pasado, su nostalgia, su sacrificio silencioso. Se convirtió en un hombre real, con su propia melodía trágica y esperanzada, un alma que había dejado todo atrás por un sueño.

Y ahora, cuando releo y llego a las escenas donde Tom demuestra su amor incondicional por Min-ji, o donde se enfrenta a las sombras de su pasado...

Me emociono por él. Por mi amigo Tom. Porque conozco su melodía. Porque sé de dónde viene, sé lo que sacrificó y sé el peso que lleva en silencio tras el volante de ese taxi amarillo.

Este, creo, es el fenómeno. Es el momento en que el autor deja de ser el director de orquesta y se sienta entre el público, para olvidarse de todo… y escuchar.

J.M.F.

LA PRIMERA SEÑAL (o: Hay alguien ahí fuera)

2 de octubre de 2025

Hay momentos en el viaje de un escritor (especialmente uno que empieza, navegando en la oscuridad) que actúan como faros inesperados. Días en los que miras los informes de ventas, esperando poco más que el eco del silencio digital, y de repente, ocurre.

Una venta.

No una venta a un amigo a quien le has pedido el favor (gracias a todos, vuestro apoyo es mi combustible inicial). No una descarga gratuita. Una venta real. Anónima. Impulsada por un algoritmo en la vasta jungla de Amazon.

Alguien, en algún lugar del mundo, vio la portada, leyó la sinopsis, quizás echó un vistazo al primer capítulo... y decidió invertir su tiempo y su dinero en "Proyecto Epsilon". Alguien desconocido confió en la promesa de la historia.

Puede parecer una nimiedad en el gran esquema de las cosas. Un solo ejemplar. Pero para el autor que lleva meses (años) construyendo un universo en soledad, esa primera señal es... todo. Es la confirmación de que la transmisión no se pierde en el vacío. Es la prueba de que hay alguien al otro lado escuchando.

A ti, lector o lectora anónima que diste ese primer paso: gracias. No tienes ni idea de lo que significa. No solo has comprado un libro; has encendido una luz. Has validado el esfuerzo. Y me has dado la energía para seguir construyendo este universo, ladrillo a ladrillo, sabiendo que, quizás, solo quizás, hay alguien esperando el siguiente capítulo.

La maquinaria no se detiene. Pero hoy, hacemos una pausa para celebrar esta primera señal. El viaje continúa, ahora con un poco más de luz en el camino.

J.M.F.

ÚLTIMA RELEÍDA.
Quedan 2 Semanas: La Calma Antes de la Tormenta

2 de Septiembre de 2025

El calendario no miente. Quedan apenas catorce días para que "Proyecto Epsilon: El Legado de las Estrellas" vea la luz. Catorce días para que una historia que ha vivido en mi cabeza durante años (¿décadas, si contamos las semillas plantadas en la adolescencia?) salga al mundo y empiece a caminar por sí sola.

La sensación es... extraña. Una mezcla contradictoria de vértigo absoluto y una calma casi antinatural. Por un lado, está la ilusión pura del creador, la esperanza de que las horas robadas al sueño, las líneas reescritas mil veces, conecten con alguien ahí fuera. La esperanza de que Min-ji, Axel, Tom, Amy... cobren vida también en la imaginación de otros.

Por otro lado, está la conciencia fría del estratega. Esto no ha sido solo un acto de pasión; ha sido una operación planificada. No hemos lanzado simplemente una botella al océano con un mensaje dentro. Hemos intentado construir una baliza, trazar una ruta, preparar un desembarco. Cada decisión, desde la portada hasta la última coma, ha sido sopesada, analizada. La Editorial Abadía no nació para esperar milagros, nació para intentar construirlos, paso a paso.

Y ahora, en esta calma tensa que precede al lanzamiento, solo queda confiar en el trabajo hecho. Confiar en que la historia tiene la fuerza suficiente. Confiar en que los lectores correctos encontrarán su camino hacia este universo.

El 16 de septiembre, la transmisión comenzará. Hasta entonces, solo queda respirar hondo, revisar los últimos detalles y prepararse para la tormenta. Sea cual sea el resultado, el viaje hasta aquí ya ha merecido la pena. Pero, admitámoslo, todos esperamos que la baliza brille con fuerza.

Nos vemos al otro lado.

J.M.F.